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proletaria consentida de laura carneros


Año 1985, anuncio de colonia: "Tenemos chica nueva en la oficina, que se llama Farala y es divina, es elegante independiente sonriente inteligente ama a la gente, es juvenil... ella es así".

Faltaban tres para que naciera Laura Carneros.

En 1988 mi anuncio favorito era el de Kas Fruit: "En cada litro de Kas Fruit hay dos kilos y medio de naranjas exprimidas. Kas Fruit, puro zumo 100% según Real Decreto 667/83 publicado en el Boletín Oficial del Estado".

Leyendo Proletaria consentida (Caballo de Troya, 2022) me ha venido el gingle optimista de Farala y la confianza que daba aquella voz de notario del Kas Fruit.

Un libro elegante, inteligente, en el que en cada página, en vez de quejas, hay kilo y medio de verdad, de auténtica vida.

Qué gran acierto de Jonás Trueba (editor por un año de Caballo de Troya). Qué bien terminar el año con un libro así.

Poetas nunca sobran, pero siempre tengo la sensación de que faltan narradoras.

Ya tenemos otra. Y es divina.

la reconquista, la película

esta película de jonás trueba
como todas las anteriores
se me ha añadido al adn

mañana rara
las hormonas, quizá
no lo sé

pero me he puesto 3 veces seguidas
"la arcadia en flor"
https://www.youtube.com/watch?v=b-uVekfhU6I
y le veo todo el sentido
aunque jonás trueba dijera, como suele
"muy loco"

la clave está al final, cuando rafael berrio dice
"pero, ¿dónde?"

como decir:
vale, soy un desesperanzado
me lo sé casi todo, bebo oporto en vaso,
pero hay algo en flor en algún lugar

pero, ¿dónde?

ahí estamos todos
los pesimistas felices
los esperanzados soterrados
en esa pregunta

pero, ¿dónde?

menuda joya, jonastrueba
menuda joya


¡es un libro!

Desde hace un tiempo noto que me cansan las novelas, todo ese decorado impoluto para que los personajes hablen mientras hacen que viven. No somos así, el cerebro no es así: nadie piensa en orden, nadie vive en orden: amontonamos.

Filmar el deseo, pero también la duda. Encontrar la emoción en eso. Debería poder convencer a los escépticos. A los que, como yo, van a preguntarse por qué no he armado una estructura y una narración.", dice.

Creo que se me escapó alguna lagrima ante de la Piedad de Miguel Ángel, pero sin duda elegiría para abrazar y llorar a moco tendido una escultura de Giacometti. Eso: dejar huellas en lo que hacemos, mientras lo estamos haciendo. Esa es la única manera de emocionar a otros.

Imaginé que Las ilusiones sería el guión de Los ilusos. Al abrir el libro y no ver diálogos pensé que sería la novela de la que salió el guión de la película. No, no es una novela ni un relato ni un diario. ¡Es un libro! (grité, por dentro, entusiasmada como el niño del palo). Es la huella de alguien que mientras camina (o así lo imagino) trata de poner en orden el mobiliario de su cabeza sin que el resultado parezca una revista de decoración.

"¿Dónde queda lo que quería hacer con Los ilusos? A veces pienso que lo único que tengo es un título robado y que en su interior podría meter cualquier cosa. La idea tienta y desanima.", dice.

Así somos, alegres y a punto de caer en el desánimo, lábiles, muy humanos. Lo que uno ve, lo que duda, lo que va resolviendo a duras penas. Antes, durante, después. Las ilusiones: un libro que, quizá, deberíamos leer todos los que nos dedicamos a "amontonar" palabras. Y los demás también.

Las ilusiones (Ed. Periférica. Cáceres, 2013) de Jonás Trueba.
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elvientosopladondequiere/

espejito espejito

¿De dónde la silenciosa tenacidad del iluso? Porque los tenaces hacen ruido, pero los ilusos comen solos y duermen a deshoras. El iluso se desliza por las calles los bares las camas, como si no buscara como si no quisiera encontrar. Aunque lo quiere todo, ya y para siempre.

¿De dónde ese soterrado y desmesurado afán de querer creer en algo del iluso? Porque los sindiós hacen ruido. Hasta tú, palabra miel, eres ruido recuerdo ahora, y decir por escrito desmesurado afán hace más ruido que un portazo de madrugada.

¿De dónde esta película-troyano que se instala en nosotros (como algunas ciudades) y nos empalidece a destiempo la sangre? No es una película es un estado de ánimo, dice uno de mis grillos amaestrados. Es un ectoplasma, le responde otro antes de ponerse a cantar.

Cuando menos te lo esperes (maldiciendo una cana frente al espejo, sacando punta a un lápiz o poniendo la mesa) se te aparecerá, se manifestará rompiendo los dos vasos que llevabas en la mano, y lo verás todo en tresdé sin necesidad de gafas siquiera.

El iluso parece que no mira, parece que no ve, parece que pasa por los escaparates de las librerías y de los cuerpos con una frivolidad obligada. Pero no. La mirada del iluso es la mirada punzante y perpleja de un halcón peregrino (porque la suerte del iluso es peregrinar) que sólo oteara por gusto, no por hambre. Esa misma mirada que ya vimos en Alexandre (el de La mamá y la puta, el mayor de los ilusos), ahora reencarnada en los ojos de Francesco Carril. Aunque eso es otra historia.