la belleza se descalza

(teresa sebastián 1959-2020)
su ojos tan limpios diciéndome, mientras se descalza, que no barra la terraza, que las hojas secas y el polvo son parte de la tierra, su dulzura inmensa intentando curarme el dolor de cabeza con las manos y rodajas frías de manzana, su serena sorpresa por todo, su entusiasmo, su devoción por lo pequeño, su fuerza, su fuerza, su fuerza

de interior

(esa lentitud de los libros, las piedras y los cactus)
Cuando no puedo dormir recito para mis adentros los 50 estados de Estados Unidos con sus correspondientes capitales. Suelo dormirme en Iowa. Pero si alguna vez llego despierta a Missouri, me desvelo. Hoy me he acordado de Don Juan Moreno Casasola en Ohio. Don Juan era el médico de cabecera de mis padres. Mi médico era Don Rafael Mesa. Me gustaba ir a su consulta. En el centro de la sala de espera había un sofá circular de escai verde en forma de flan. A Don Juan sólo recuerdo haber ido dos veces. Una, muy pequeña, de urgencia, con un dolor intenso de estómago. La sala de espera estaba llena. Al llegar vomité algo muy oscuro que mi madre y la enfermera identificaron como sangre. Nos dejaron pasar. Nada más mirarme la lengua y palparme el vientre, Don Juan me preguntó si había comido chocolate. A los médicos no se les miente, había oído decir: Una cajetilla entera. Entonces no estaba mal visto vender cigarrillos de chocolate para niños (como ahora parece normal el Champín en las fiestas infantiles; veremos qué dicen de nosotros en el siglo XXII). La segunda vez tendría 6 ó 7 años y era una experta en puzzles de mil piezas, beberme tebeos de Pumby e inventar historias. No necesitaba más. Si las niñas venían a buscarme para jugar le pedía a mi madre que les dijera que estaba castigada. Además solía meterme en el armario a pensar o, según mi madre, me quedaba demasiado tiempo "pensativa". Acabé en la consulta de Don Juan. La consulta estaba en su casa, entrando a la izquierda, una casa palacio siempre en penumbra, con un zaguán, un patio con habitaciones alrededor y un piso superior. Al leer el nombre de la calle me entró la risa nerviosa (una casa tan regia y un señor tan serio en Molinillo del aceite). Enferma no parece, dijo Don Juan después de auscultarme. Mi madre le explicó. Se sentó a mi lado, acercó mucho su cabeza a la mía como si fuera a contarme un secreto. ¿No te gusta jugar?, ¿no te gusta salir a correr a la calle? Asentí. Pero prefieres quedarte en casa con tus cuentos y tus álbumes pegando estampitas. Lo miré a los ojos: Sí. El sí más rotundo de mi vida. Ni siquiera me recetó hierro o vitaminas. Supongo que por eso mi madre no volvió a llevarme al médico.

De todo esto me he acordado esta 45º madrugada de confinamiento e insomnio. Siempre he sido de interior. Me provoca cierta incomodidad pensar que tendré que volver a la velocidad de la vida "normal" y que ya no puedo pedirle a nadie que me castigue sin salir.

encuesta

(nada como las sombras móviles)
Sigo preguntando a los amigos qué van echando de menos. Laporte, que hasta los 21 días seguía sin echar de menos nada, a los 28 respondió que andar con pasos largos. A los 42, correr. Estoy convencida de que a los 56 me dirá, ¡volar!

Mi evolución favorita, por ser la más humana, es la de Salvatore: responsabilidad ajena, ver a los amigos, todo y nada, nada y la normalidad.

Hasta los más ficus, como se autodenomina Perkins, a los 28 días echó de menos bajar a por el periódico. Villagrasa y yo seguimos en la misma casilla, sin echar de menos nada, y reconocemos que nos va a costar volver a la velocidad y el ruido de antes.

lee galdós

Como decían en aquella chirigota: "Qué bonito to, no?".
(Y qué vieja estoy. Tengo que volver a tomar polen y levadura de cerveza.)
https://www.youtube.com/watch?v=opP17H8iDCs

luis miguel madrid

(días felices en la laguna
y eva supo, como siempre, captar la felicidad)
Nunca he entendido a esas personas que, cuando se enteran de la muerte de alguien dicen: No puede ser. Hoy es lo primero que he pensado al saber que a Luis Miguel Madrid se lo ha llevado el Covid-19. Sin duda porque no he conocido jamás a nadie tan lleno de vida como él.

¿quiénes son las ratas?

Telediario. A una médica, sus adorables vecinos le han hecho una pintada en el coche: "Rata contagiosa". Yo no le daría pábulo a estas cosas por aquello del efecto copycat. Con qué facilidad pasa el ser humano del aplauso a la barbarie. Ya lo cantaba El último de la fila hace un montón de años: Los hombres se destrozarán con esa crueldad que les da el miedo. Curiosamente, la canción se titula "Otra vez en casa".

asco visceral

Mariano Rajoy sale a caminar a paso ligero. No veo que lleve mascarilla. No veo que lleve bolsa de basura ni compras del súper más cercano a su vivienda. Dudo que viva en un piso interior de 50 metros cuadrados. 

Me molesta. Mucho. Pero más me molestan quienes no desaprueban su actitud e incluso aprovechan para decir cuánto lo admiran.

Que no se nos olvide: La mujer del ogro es peor que el ogro.

querido sam, dos puntos

(Beckett&Co)
Con lo que te gustaban los cafés, las terrazas y dar zancadas, no sé muy bien cómo habrías llevado esto de estar entre cuatro paredes. Molloy sabía de confinamientos, pero a ti no te imagino sin asomar las narices al mundo. Ya sé que no estás, pero cuídate igualmente. Feliz cumplealgo.

west end, de josé morella

(tenía una imagen mejor, pero está confinada)
Siempre pienso que los demás dirán mejor las cosas que yo. Por eso, después de leer (entusiasmada y apabullada a partes iguales) West end (Siruela, 2020) busco a ver qué han dicho otros.

"Podrían decirse muchas, muchísimas cosas de West End, un artefacto creativo que respira con la naturalidad de un ser vivo, que supone un repaso a una parte de la Historia reciente de nuestro país y nos devuelve un retrato mucho menos apetecible que el habitualmente ofrecido por las ficciones que han decidido idealizar los últimos años del franquismo y los primeros de la democracia, e incluso intuir que ese supuesto cambio social que hemos vivido no sea tal. Hay mucho en las alforjas de este libro, por eso, mejor que seguir leyendo esto corran a hacerse con un ejemplar del libro de Morella y léanlo, que les hará mejor servicio que estas líneas."
Esto es el final de un largo artículo de Antonio Jiménez Morato en http://revistapenultima.com

Por mi parte, mientras la leía, movía la cabeza (oh, uf, ooh). Y después, si lo hubiera tenido delante le habría dicho mirándolo a los ojos: "Menudo libro has escrito, Morella, menudo libro".



sol espléndido

(cuando todo brilla)
Oeste dijo: Sol espléndido. He sacado un libro, una libreta, un lapicero y un vaso de agua. Un gorrión espolea el ficus. A cada rato la sombra de un pájaro cruza el mantel. Bebo hasta dejar solo un dedo. No quiero que ninguna sombra se ahogue en mi vaso. Dos moscas se aparean violentamente en el suelo, intentan volar pero pesan demasiado y caen, y vuelven a caer. No sé si la hembra intenta zafarse del macho o están probando posturas acrobáticas. No sé si existe la violencia de género entre moscas. No sé si separarlas. El verode brilla, las buganvillas brillan, todo en la mesa brilla.

Llevamos veinte años aquí y acabo de descubrir la terraza. Soy de interior y el ruido de la autovía no ayudaba. Ahora sólo se oyen pájaros. Ayer vi dos patos en la piscina y unos mirlos brincando por la acera. Desaparece el ser humano y la naturaleza ocupa su lugar.

lápiz mágico

(esto sí que era una app, y lo demás cuento)
Cuando comenzó el confinamiento me apunté como voluntaria (todavía no me han llamado). Entre los datos que pedían: profesión. Me lo pensé: escritora. Me cuesta mucho decirlo. No me gano la vida escribiendo ni me gustaría que escribir se convirtiera en una profesión. Si me preguntan, digo que me gusta escribir aunque lo que de verdad me gusta es verme escribiendo. Me produce la misma infantil y excitante sensación que con aquellas libretas que se llamaban Lápiz mágico. Pasabas un lápiz con cuidado por la superficie y aparecía un dibujo. Para mí escribir es eso, pasar la punta del lápiz por el papel y que aparezca una historia.

carlota quiere leer, de miguel ángel oeste

Miguel Ángel Oeste no para. Mientras espera la publicación de su nueva novela Arena (Tusquets) para este otoño, nos deja este regalo.

¿Tenéis niñas y niños en casa y ya no sabéis a qué jugar con ellos? Voilà!

https://www.diariodesevilla.es/entrevistas/Miguel-Angel-Oeste_0_1450955507.html

la luz también se ríe

(hay otras tapias, pero están en esta)
No es de ahora. Desde enero duermo mal. En realidad desde siempre. Dejé de beber vino tinto porque me hacía el mismo efecto que el café. Sobre las tres me despierto, voy al baño, voy a la cocina, bebo agua, enciendo la luz del extractor y me quedo unos minutos mirando la vitrocerámica. Es la luz que más me acompaña de toda la casa. El extractor y yo llevamos los mismos vatios entre los pulmones. Después voy a la puerta de la terraza, abro un poco la cortina y miro el cielo. Siempre espero tontamente ver alguna fugaz. Qué frías parecen las estrellas desde tan lejos. A veces apoyo la frente en el cristal para sentir ese frío. En Salitre, hace veinte años, encendía el ordenador y escribía poemas. Ya nunca escribo de noche, ya nunca escribo poemas.

Amanece. Una carcajada de luz llena la habitación. El bloque de enfrente se ilumina por unos segundos. Comienza el día.

la ilusión por el jamón

(qué simpático rokelín)
Comienza abril. Me bailan los pantalones mientras suena Simulacro (y que no hay una vida en serio y otra vida de licencia), me mido la cintura, 70 centímetros (como si yo tuviera el don de vivir por mí dos veces / de haber dejado a un lado la que importa en prenda de una vez futura). Ayer por la tarde murió Rafael Berrio. Sus canciones me han servido siempre para ponerme en marcha (qué vida será la que prolongue o dé segundas funciones), hoy también.

Noticias del espacio exterior. Federico del Barrio me cuenta que está un poco mustio, que le resulta aplastante oír las noticias y procura evadirse viendo películas del Oeste. Le recuerdan a la infancia, cuando estaba con gripe y se quedaba en casa viendo la tele y leyendo tebeos. Para su madre la buena comida lo curaba todo. En su casa había un plato de adorno que decía: "Las mejores inyecciones son los chorizos y los jamones". Mi madre confiaba totalmente en las virtudes del jamón. Esto sí lo he heredado yo, me dice, pero ahora tampoco lo veo con demasiada ilusión. A mi pregunta semanal, ¿Qué has echado de menos estos últimos días?, su respuesta es clara: la ilusión por el jamón.

Verdoy está contento. El ayuntamiento de El Prat se hace cargo de las nóminas de todos los trabajadores de las escuelas municipales mientras dure la confinación.

Será la primavera más silenciosa de nuestras vidas, me dice Gallero. Sin embargo, si alguien me preguntara qué he echado de menos estos últimos 18 días diría: el silencio. No estoy acostumbrada a que el teléfono suene, ni a oír hablar atropelladamente durante más de una hora. El ruido y la velocidad me agotan. Ya he dicho que a partir del día 12 voy a confinarme voluntariamente, dos semanitas más, en una habitación vacía.

las perlas y los genes respiran

Le pregunto a mi madre qué ha echado de menos estas dos últimas semanas.

Nada, hija, no noto ningún cambio, como salía poco o nada, estoy igual, igual no, mejor, porque ahora tengo el aliciente de salir a aplaudir cada tarde, la voz cantante la llevan los argentinos del segundo, que por lo visto son músicos y tocan disfrazados de mejicanos, yo eso no lo entiendo, pero ellos sabrán, aplaudimos todos y cuando él lo decide levanta los brazos y se acaba, nos despedimos y para adentro. Mamá, ¿y has hecho algo raro estos días que no hicieras normalmente? ¿Yo?, nada, todo igual, me levanto, hago la cama lo primero, me arreglo y ya está, como no me da miedo nada, tan tranquila.

Me quedo callada cinco segundos, quiero esos genes para mí, creo que los tengo, espera, ¿a ver?, sí, los tengo.

Yo tampoco he echado de menos nada, bueno, un día que fui al súper, la alegría, estaban todos con una cara... Uy, pero eso es porque se toman muy a pecho todo, como tu padre y tu tía, mira, si te toca te toca, que a mí no me va a tocar, eso lo sé, pero si te toca, pues nada y si no te toca mejor, ¿qué marl da? Pues sil, qué marl da. Te dejo que tu padre dice nosequé, adiol. Adiol mamá.

Mi madre siempre dice que las perlas necesitan respirar, y he pensado, humm, sólo me he puesto dos veces (en dos bodas) el collar de perlas que me regaló. Se me ha ocurrido preguntar a los amigos qué es lo más raro (por no habitual) que han hecho en estos quince días de confinamiento. Sonia y Míchel, bailotear en su cuarto. Cilleruelo escribe un diario con tinta violeta. Itzíar escribe a diario (que no un diario). Enrique Kb, yoga (esta sí que no me la esperaba). Yo, ponerme perlas para estar en casa.

listas para qué os quiero

(tres milímetros de tinta no dan ni para un jaiku)
Hoy he hecho una lista de las cosas que haré en cuanto podamos salir a la calle: comprar un Pilot G-1, unos calcetines de rayas y un vaso grande que vi la última vez que salí. No se me ocurren más cosas. Para eso me quedo en casa.

más casero, imposible

(mascarilla marca acme)
Veo en la tele que están fabricando unas pantallas protectoras y recuerdo que tengo, desde el colegio, una felpa que no uso. También tengo sobres de archivador y unos clips.

Oye, pues para un apuro sirven, y están listas en medio minuto. (La otra opción era una bolsa de papel en la cabeza con dos agujeros para los ojos, así que no me echéis a los leones).

que (casi) toda la vida es cine

(el salto que di cuando me publicaron Hombre lento)
No sé si es que tengo nostalgia de futuro pero cada vez que escribo 2020 le añado un dos. No me he pensado en serio si querría ser inmortal, pero cuánto me gustaría poder asomarme al 20202 un momentito. Quizá por fin vistiéramos todos de submarinistas como prometían las películas de los 70. Las prefiero al futuro caótico y hacinado de Blade runner, por ejemplo. Se ve que me va el orden. Muchas veces pienso en La fuga de Logan, pienso en ella y me da calma. No me parece mal la eutanasia programada. Eso sí, voluntaria, no cuando un comité de ancianos reviejos lo decida. Vi Midsommar con esa ilusión y no (no digo más). Otra película que me calma es El congreso. Desde niña quise ser un dibujo animado. Cuando leía Pumby hacía una recortable a mi imagen y semejanza, del tamaño de los dibujos, y la movía de una viñeta a otra para vivir con ellos gloriosas aventuras. Además, los dibujos animados no tienen que pensar qué se ponen cada mañana. Mi ideal de armario es un par de pantalones negros y siete camisetas idénticas. Por otra parte, aunque lleve quince días en casa, no he estado en chándal (no tengo), pijama, ni en zapatillas, en ningún momento.

dicen en la tele que hoy es el día internacional del piano

(perdido y hallado, sin templos de por medio)
Mi madre dice que nunca le hice caso, que sólo aporreaba las teclas cuando Mario venía a jugar a casa. Con tal de no prestárselo te sentabas encima, dice mi madre. Yo no me recuerdo caprichosa ni posesiva y Mario me gustaba, pero la palabra de mi madre va a misa. No sé cómo pudo tirarlo, supongo que aprovechó la confusión de la mudanza. Muchos años más tarde, vi un piano igual en el anticuario de calle Casapalma. Alberto me lo regaló. Al mío no le sonaba esta tecla, pulsé. Y no sonó. El mío estaba pintorreado por dentro. Y sonó otra vez, la flauta. Allí estaban mis garabatos a boli. Pero, ¿dónde estará Mario?

la afeitadora y un bizcocho de contrabando

(plum cake de pasas, y de contrabando)
Buenos días, ¿cómo vais? Muy bien, ya ves, las once y me acabo de levantar, como las millonarias; como no tengo nada que hacer... Mamá una buena noticia: hoy llega la afeitadora de papá. ¿Cómo?, ¿que va a venir una mujer a afeitarlo?, de eso nada, faltaría más, vamos, que no le abro la puerta. Que no, mamá, que la lleva Amazon. Ni Amazón ni nada, aquí no entra nadie. Que es un paquete. ¿Cómo un paquete? La afeitadora es eléctrica, llega en un paquete. Ah (se muere de risa), he quedado a la altura del betún, qué atrasada me he quedado. Como te pedirá el número del DNI, tenlo preparado. 33 millones 812, como la sinfonía, hasta ahí me sé. Pues apunta, anda. ¿Te sabes mi DNI?, hija, no me extraña que ganes premios. Voy a llamar a las titas, y tú tranqui, ya sabes, un beso. Un beso, guapa. Adiol. Adiol.

Dejo un bizcocho en el horno y suena el teléfono. Mi tía M se me ha adelantado (voz de ultratumba). Hola, ¿bien? Haciendo un bizcocho. Ya me he peleado con tu madre; es que no se le puede decir nada. Si es darle órdenes, olvídate. Ya.

Me cuenta que, por animar, le contó a mi prima C la tontería de que me iba a meter en el maletero para llevarles un bizcocho, y le dijo que no, que no podían ir dos en un coche (como si no lo supiera toda España) y que en todo caso tendría que llevar un salvoconducto. La imagen me parece impagable: un policía abre el maletero y aparezco yo con la capucha roja, abrazada al bizcocho, entregándole un salvoconducto escrito a boli: "Señor lobo, que es casero". Ay, si no fuera por esos ratitos. Colgamos.

Mi madre. Que tu padre quiere hablar contigo. ¿Qué tal papá? Fatal, hoy está siendo un día espantoso. ¿No te encuentras bien? La afeitadora no sirve para nada.

No esperaba menos. Nananiano, naniano y mañana será otro día.

una de cuñados

(seguro que viene aquí para ver a sus congéneres)
Me cuenta mi tía M que llamó a su amiga V de Vigo. Le cuenta que su cuñado (al que nunca pudo ver) sale todas noches a pesar del confinamiento. ¿Pero dónde va si está todo cerrado? A beber. ¿Pero a beber, dónde? No sabe. Lo que sí sabe es que es un sinvergüenza que puede contagiar a su hermana, así que llamó a la policía. ¿Denunciaste a tu cuñado? Sí. Les dije que salía cada noche y que fueran a detenerlo. Señora, tenemos mucho trabajo pero, si lo vemos, lo mandaremos de vuelta a casa. ¡De vuelta a casa nada!, se lo llevan al calabozo hasta el mes que viene por lo menos. Si salen a buscarlo es muy fácil reconocerlo, mi cuñado es muy bajito y está cada día más enano.

Ríete tú de Juego de tronos. Ya estoy esperando el segundo capítulo de "Cuñados: The Revenge".

¿dónde vas, caperucita? (publicidad encubierta)

(mascarilla homologada marca acme)
No quedan naranjas. Un tomate. Como la lechuga se estaba poniendo fea, puré de lechuga al curry. De aquí a Master Chef.

Juan, el jardinero, trabajando en cosas que no le tocan como desinfectar los buzones. Los dos nos alegramos de vernos, se nos nota. Le pregunto por su padre (tiene la edad del mío). Todo en orden. Y trabajo no le falta, así que me alegró mucho más. Después de cinco minutos arreglando el mundo se pone a llover y me subo la capucha. Hasta la próxima.

¿Dónde vas caperucita? Al supermercado El jamón, que son de Lepe y así apoyo a la economía andaluza. Pasé pasé, dice el lobo vestido de policía. ¿Qué hay, guapa? Me saluda una chica risueña que jamás me había visto antes. La alegría ha vuelto. Qué maravilla el ser humano, qué capacidad de adaptación y qué fila más ordenada para pagar. Naranjas, tomates, patatas, una lechuga y un puerro enorme. Tomate natural triturado, esta lata de alcachofas (por probar) y una botella de fino (por si acaso). ¿Qué hay, niña?, dice la cajera (que podría ser mi hija) mientras pasa (pib pib) mi compra, e imagino su sonrisa mientras clava en mis pupilas su mascarilla azul. Me entran ganas de cantar.

Consigo llegar a casa sin tocar nada por el camino. Abro puertas con los codos, pulso con la punta de la llave, y al llegar a casa me doy cuenta de que no me bajé la capucha en el súper. Nada, ya soy la loca del barrio. Me lavo las manos y de paso las llaves. Llamo a mi madre (su voz cantarina habitual). Mi padre quiere ponerse (¿un virus llamado milagro?). Lleva unos días con bronquitis, aerosoles, sin dormir. El médico lo llamó y le recetó un antibiótico. A la tercera toma resucitó. ¡Albricias! (me sale decirle). Papá, es la primera vez en 55 años que te oigo decir "Estoy bien". Pero (como no) ahora tiene otro problema. No tiene pulso para afeitarse (yo lo afeitaba cada domingo; jabón y brocha, por supuesto). Le digo que como esto va para largo, se deje las barbas y así en navidad ya tenemos Papá Nöel (no parece que se ría). Parecerás el abuelito de Heidi (tampoco). No quiere que vaya a verlo bajo ningún concepto, recalca, pero que le compre por Amazon una afeitadora eléctrica. Papá, bienvenido al siglo 21. Y sin pensármelo dos veces le digo: Papá, te quiero mucho.

revista con la a

Cualquier crisis es una lupa que deja al descubierto nuestro verdadero yo. Así que vamos a sacar todo lo bueno que guardábamos (aunque sólo sea para compensar lo malo que saquen otros).

El mundo no se para y ellas menos. Un nuevo número, el 68, de Revista con la A. Completa donde las haya. ¡Hasta incluye recetas! Qué grandes son.

Gracias por contar conmigo. ¡Allá vamos!

https://conlaa.com/

ole ahí las bibiotecas andaluzas

Cultura abre a toda la ciudadanía el acceso gratis a los libros electrónicos de las bibliotecas andaluzas.

Como decíamos caundo jugábamos al escondite: "Y quien no haya leído, tiempo ha tenido".

http://www.juntadeandalucia.es/presidencia/portavoz/cultura/151160/CulturayPatrimonioHistorico/ReddeBibliotecasPublicasAndaluzas/ebiblio/certificadoelectronico/formularioonline

brazos piernas cielo

Los 15 días serán 30. A pesar de estar bien en casa y de no ser capaz de sentir miedo, noto la lava de mi estómago endurecida. Cada vez que pienso en los amigos que están en sus casas con sus hijos (más un ERTE) sin saber si volverán a trabajar, centrifugo piedras afiladas. Por lo demás, estar en casa es bien (como diría Ibán Ramón). Sólo me subo por las paredes cuando cada día en algunas cadenas dicen: "200 nuevos infectados". No. Llevamos 10 días en casa. Serán 200 nuevos positivos que se infectaron hace 7 días. Si siguen diciéndolo mal pensaremos que estar confinados no sirve para nada. Pero no creo que corrijan, como tampoco corrigen cien por cien (en vez de decir cien por ciento), o se prevee. Esta noche lo gritaré desde la terraza: ¡Vecinos, el verbo preveer, no existe! Me aplauden fijo.

oiga, ¡que es el día de la poesía!

todo está bien

hay días
en los que la luz nos toca, nos empapa
de algo muy parecido a la felicidad
sólo porque al abrir la ventana
del cuarto de baño
el sol, atravesando el vapor
se posó sobre los azulejos húmedos

y nuestra mano se fue ahí
a esos azulejos
y los acarició intentando retener algo

mañanas que nos hacen pensar
que podríamos mantener
ese estado de bienaventuranza
para siempre

la luz se va
y los azulejos se enfrían

pero la luz
siempre vuelve

grande, morella

José Morella nos entretiene leyendo un cuento, y nos engancha a que nos hagamos con él. Si dejamos de leer se acaba el mundo.

Podéis escucharlo mientras hacéis estiramientos, cocináis o lo que os venga en gana.

Qué maravilla.
https://www.youtube.com/watch?v=hm6T5Zx-mOU

los planetas 1 - calimero 0

(calimero era tonto)
Me cuenta mi amiga Nené que lo que más echa de menos son los achuchones. Y de más esa tristeza que se ha instalado en cada uno de nosotros y que cuando bajamos al súper, aunque estemos suficientemente separados, se engorda y espesa. Vio caras serias, dice, y gritó un ¡Buenos días! que los dejó temblando.

Ay, qué voz tan bonita, dice mi tía cuando la llamo. Es mi voz de siempre. Comparada con la voz que todos llevan a cuesta (aquí no me incluyo) sí que debe parecer bonita, pienso y me pongo una medalla de papel Albal, ea. También he notado que hay quien dice un Diga normal y después oscurece la voz. Patético, repugnante.

Llamo a mi madre. Holan, dice (desde hace tiempo hablamos así Holan, Adiol, Besitol para todol, medio chiquitistaní medio nada, por reírnos). No soy adoptada, pienso, salgo 100% a mi madre. Su voz tampoco ha cambiado, ni su risa, ni su Yo no voy a morirme nunca y si me muero angelitos al cielo. Y su risa otra vez, la risa de mi madre. ¿Cómo está papá? Dice que peor, qué va a decir, aunque se hubiera despertado hoy dando saltos diría que peor. Al 100%, sí.

Al barrer bajo la cama he pensado que estoy has-taa-quí del calimerismo. No pienso volver a responder a ningún mail catastrofista. Menuda criba. No es momento de quejas ni de debates siquiera. Es momento de sacar lo bueno (quien lo tenga) y reponer la alegría como ya han repuesto en supermercados el maldito papel higiénico. Estos días de lupa van a dejar a la vista lo peor de cada cual. El monstruo del maleducado, el derrotismo del cenizo, el tonto de solemnidad del metemierda de pacotilla. Afortunadamente el mundo no lo mueven ellos. "Porque seremos cientos por cada uno de los vuestros", cantaban Los planetas. Me voy a bailar. Mamá, ¿vienel? Voyl.

harta de prensa sensacionalista

Gaceta médica:
Del total de 11.178 casos, se han hospitalizado 46%.
Ingresados en UCI 5% por ciento.
Un 4% de los diagnosticados han fallecido.
Personas dadas de alta 9%.
Este número está incrementándose de forma progresiva.
Simón ha anunciado que esperan tener cerca de un 10% de personas dadas de alta, y que en la Comunidad de Madrid ya alcanza el 19%.

Ya sé lo que voy a leer a partir de hoy.