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tiempo ordinario de eduardo laporte


    ¿Qué hace que un escritor tenga éxito? Es lo primero que pienso al leer Tiempo ordinario (Papeles mínimos, 2021) de Eduardo Laporte.
    El primer volumen de sus Diarios (Pamiela, 2017) me arrebató completamente hasta el punto de retomar mis propios diarios. Leerlo me hace querer escribir.
    Me bebí Tiempo ordinario en un AVE Málaga-Madrid. Agradecí su elegancia, su compañía sin estridencias. Sus libros son un gato tranquilo que se te posa sobre los muslos para que lo acaricies. A cambio te devuelven cierta paz cálida como solo lo hace tocar algo que late despacio. Sus libros están vivos, serenamente vivos.
    ¿Quizá sea esa elegancia natural, sin estridencias, lo que impide que llegue a eso que llamamos "gran público"?
    Hace poco, presentando La intimidad de los viajeros (Destino, 2021) de Josan Hatero, me referí a él como "realismo limpio". Hatero tampoco tiene el reconocimiento que creo que merece. También me pasa con F.L. Chivite, que acaba de publicar, no uno, dos libros: Una cuestión de equilibrio, poesía completa (Luces de Gálibo, 2021) y la novela Cada cuervo en su noche (Pamiela, 2021), cada vez que lo leo se me abren los ojos de puro asombro al no comprender que no hablen de él en todas partes.
    Recuerdo ahora que Chivite se definía como "periférico indolente". Quizá sea eso, quizá el gran público evite la periferia.
    Quizá yo prefiera los márgenes, la vida tranquila que transcurre en esos caminos secundarios, la vida que huye de megáfonos y no pretende romper nada, solo dejar testimonio de lo que va pasando mientras uno mira.
    Le escribo a Eduardo. Me responde: "creo que me cansé del conflicto, sólo me queda la belleza entonces, porque la literatura es conflicto y/o belleza".
    No hay mucho más que decir. Un gato invisible me roza. Ese silencio agrandado del que hablaba Rilke.

que levante la mano quien quiera escribir

¿Que te gustaría ser escritor, pero no se te ocurre ninguna historia? ¿Por qué no empiezas por contar la tuya? ¿Que no sabes cómo abordarlo? Eduardo Laporte te llevará de la mano.

Cuando me falta inspiración recurro a su Diario (Ed. Pamiela) para inspirarme.

Dice Laporte:

"Un 'tayer' en torno al diario literario: cómo escribirlo, cómo leerlo. Nos adentraremos en autores que lo han cultivado con maestría y soltaremos la muñeca con una literatura que, ante todo, trata de capturar algo tan escurridizo como el instante (decisivo, o no)."

Por si os han entrado ganas:


"tayer" la vía barojiana

Holatodas/Holatodos,

mi admirado Eduardo Laporte saca castañas de su fuego. Su cabeza no tiene fondo: cada día una idea nueva, un taller nuevo, una miniempresa que levantar.

Para quienes quieran aprender sobre Baroja o para quienes sepan de alguien a quien pueda interesar.

Besos barojianos (que seguro que existen).

que levante la mano el que no

(oye, qué seria me pongo a veces)
Aquí dejo un artículo estupendo, como todos los de Eduardo Laporte, sobre la presentación de Sebas Yerri [retrato de un suicida] (Ed. Pamiela, 2018), última novela de Fernando Luis Chivite, en la Feria del libro de Málaga.

Como ya dije, para mí fue todo un viaje (por no decir una auténtica película de Ci-Fi) que me llevó desde la lectura en 2007 de una reseña sobre Insomnio en la revista "Mercurio", a estar el pasado lunes 30 de abril junto a Chivite, charlando tan a gusto sobre su extraordinario libro. Qué suerte tengo, ¿no?

mamá, quiero ser laporte

Eduardo Laporte
Diarios (2015-2016)
Editorial Pamiela, 2017
112 páginas, 12 euros

Primero lo malo y ya me lo quito: No me gusta la portada, confunde, parece una libreta. Espera, Bono, ¿no será ese el propósito ya que se trata de un diario? Por ahí se va a librar. Sin embargo el interior es precioso, acogedor a dos tintas, la fuente perfecta, el tamaño perfecto. La vida debería suceder en Garamond.

Reconozco: Me daba miedo leer otro libro de Eduardo Laporte, pensaba que me gustaría menos que La luz de noviembre, por la tarde (donde narraba la enfermedad y muerte de su padre/su madre con serenidad, sin victimismos) y no quería que me pasara eso, quería que me gustara.

Lo leo del tirón con una sonrisa permanente, doblando esquinas para volver a ellas. "Joder, qué bien escribe" he dicho en alto. También he mascullado como si rezara un "No volveré a mentir ni a exagerar". Supongo que es el efecto de los buenos libros. El mismo que me produjo El peso del mundo de Handke, un libro al que vuelvo como si fuese de arena porque, sin cambiar una palabra, siempre es otro y me inspira.

Otro temor: ¿¡No serán estados de Facebook!? ¿No le habrá contaminado esa palabrería hueca?, ¿ese afán de parecer ingenioso que todo el mundo gasta? No y mil veces no (quitando una caca de mosca y, como él mismo reconoce: "Notas sueltas que uno se resiste a tirar", tíralas, porfa). Y me pregunto, ¿de dónde este miedo cavernario que nos empuja de dejar huella?, ¿desde plasmar nuestra mano en la oscuridad de una cueva a pintarrajear iniciales en los cristales del metro?

Eduardo Laporte sigue escribiendo con esa/su elegancia natural. Ni siquiera cuando usa términos que en boca/dedos/teclas de otros/as resultarían afectadas a él le sientan bien. Y sigue siendo honesto, y eso es muy difícil.

Y pienso: ¿Un diario sin fechas no es en realidad una novela encubierta cuyo protagonista es el propio autor, y los personajes secundarios los amigos que entran y salen de la historia? ¿Estos Diarios no podrían ser una historia de amor, una carta de amor a R (¿quién será R?), una explicación de porqués, porcuántos, por qué te quiero/quise tanto, pero me fui?

En fin, estos Diarios (2015-2016) me han dejado en modo-Gusiluz, con las dendritas encendidas. No hay nada mejor que leer un libro y decir: ¡Era esto!, y de repente te pones a escribir sin ningún esfuerzo.

Gracias, Laporte, muchas gracias.

luz de noviembre, por la tarde (de eduardo laporte)

(Se recomienda no leer en ayunas)
Luz de noviembre, por la tarde
Eduardo Laporte
Demipage, 2011
183 páginas

No sé escribir críticas de libros, sólo sé decir: me gusta/no me gusta. Sin embargo, a veces me resulta más fácil decírselo directamente al autor/a en un mail. Y me ha vuelto a pasar.

Quería decir algo sobre Luz de noviembre, por la tarde de Eduardo Laporte (Pamplona, 1979), pero no me salía. Le escribí diciéndole que quiero leer todo lo que ha escrito, que no deje de escribir, que su libro de ha dejado noqueada (y era la primera vez que escribía la palabra noqueada, que yo recuerde).

Me responde, con toda la honestidad del mundo, que con Luz... dejó el nivel alto.

Lo sé, pero me da rabia que lo diga. Mientras escribo la respuesta me doy cuenta de que es justo la crítica que no me salía. así que aquí va el cut&paste:

monamur,

escribir bien
(o, como dice MSO, acojonatemente bien)
no se improvisa
luego tampoco se pierde

es verdad que el listón está alto
pero aquí estamos, intentando ser olímpicos
como decían en "la bola de cristal"

eres escritor
eres un buen escritor
eso ya no te lo quita nadie

soy extremadamente mijitas
no suele gustarme nada
abandono libros a cada rato
y siempre pienso que es culpa mía
que perdí el gusto por leer
que me hago vieja

libros como el tuyo me demuestran que
el infierno son los otros (escritores)

escribir eso que has escrito
podría haber sido el empacho sentimental del siglo

quizá es que estamos mal acostumbrados
(los/las victimistas son batallón)
escribir ese libro sin quejarte ni una sola vez
es alucinante

ser crítico, ser capaz incluso de juzgar,
(aunque sea en ráfaga, aunque sea reversible, aunque todos los etc)
a unos padres que van a morir
te hace grande
a ti y a tu novela

has conseguido lo imposible:
convertir un libro en novela

quiero decir, si todo fuera ficción
funcionaría igual de bien

y podría decirse: ha hecho un ejercicio de distancia

no señor
no hay distancia
lo cuentas todo desde la primera fila, desde tu adn

no hay ejercicio siquiera
si acaso un ejercicio de honestidad
de decir: esto pasó y así lo cuento

no hay ningún "por qué a mí"
no hay ningún "soy especial por haber pasado por"

sólo hay una historia real extraordinariamente escrita

en fin
quería escribir algo en mi blog sobre
luz de noviembre, por la tarde
y no me salía
porque decir cosas buenas es, a veces,
mucho más difícil que decir cosas malas

así que, si no te importa