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no hay dos sin tres



Gracias, mi querido F al cubo por saber hurgar.

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ib, terminé tu libro en un par de días, hace una semana. Me gustan la voz y la mirada de Noelia, su manera abarcadora de hablar de la vejez, el extrañamiento, la lentitud, el egoísmo, las pérdidas, los muertos y la idea de hablar con ellos ante la remota posibilidad de que puedan escucharnos.

No recuerdo quién dijo que llegamos a una edad donde sentimos que todos los libros hablan de nosotros y hay algo en el tuyo que siento cercano: esas escenas de Noelia con su hermana y cuñado, ambos en el umbral de la muerte, y que me recordaron los últimos meses de mis padres, cuando se replegaron sobre sí mismos, llenos de temblores, y se dedicaron a revisitar su pasado.

Qué bien que la narradora tenga ochenta y tres años, que se invente nombres y parentescos, que lleve semillas en la mano y camine por calles lentas, que aún mire asombrada a su alrededor y capte la idiotez y la maravilla que la rodea a pesar del cansancio de los cuidados.

Ojalá más libros protagonizados por octogenarios que tengan esta luz y este poco de sombra. 

Y me he reído en más de una página, ib, una risa parecida a la que me produjo Desayuno de campeones. A veces me gusta imaginar cruces de libros y personajes, y mientras leía pensé en un encuentro entre Noelia y Ferdy el viejo. Sería homérico.

Qué bien leerte, ib, que tus libros me lleguen dentro, que tenga que levantarme a por un lápiz para subrayar frases como “todo está roto desde siempre”.

Muchos abrazos saltando.

diciembre es un mes de listas

(Preciosa foto de Fernando Fernández Freijo)

Me dice FFF en un mail: "Te encontré entre los estantes de la sección de poesía, esta mañana, en mi librería favorita. Mirabas directamente a los lectores. Detrás de ti, un muro de lomos negros y fajas rojas. Cada vez que te encuentro, sin buscarte, sonrío y pienso en gorriones y abrazos en saltos". 

Lomos negros. El lomo de mis caballos es azul, pienso y sonrío.

Por otra parte, Enrique Villagrasa me envía una lista de los libros que va a regalar.

Qué suerte tienen mis caballos azules.


yo también saltaría de emoción (si no fuera por la L4)

Mi amigo Fernando Fernández Freijo, siempre tan atento, me dice que saltó de emoción en una librería al ver un nuevo libro de Vonnegut. Y yo lo creo. Decir nuevo y de Vonnegut escama un poco. Me pregunto por qué estos libros que están saliendo ahora no salieron mientras vivía. ¿Quizá nunca quiso publicarlos? ¿Se debe publicar algo post mortem sin permiso expreso del autor? Yo diría que no (desde el otro mundo, si pudiera), pero privar a mi amigo de sus saltos (y de los míos, si pudiera) me parece todavía peor. Mi dulce Vonnegut, discúlpanos por querer (saltar de emoción) siempre más.
http://malpasoed.com/2013/09/el-ultimo-vonnegut/