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ese santo, sanmartín

Dice el María Moliner: "Santo: se aplica a algo que produce un efecto muy bueno o maravilloso". Fernando Sanmartín vino a leer a Málaga. En unas horas se llevó la arruga vertical de mi frente y me dejó, a cambio, el estómago lleno de murciélagos felices. No hay documento gráfico del bien que nos hizo el lunes pasado, pero sí hay en San Youtube una lectura de 2010. Lo bueno de los santos es que da igual el tiempo que pase: quedan fijados en sus estampitas para siempre. Como muestra, este milagro:

hacia donde sea (con él), y más allá

cuando salgo de una librería
elijo, para volver a casa, el camino más largo,
también dejo el ascensor para otro momento

leer mientras se sube una escalera es muy peligroso,
aviso

"heridas causadas por tres rinocerontes"
me pareció un milagro,
era muy difícil contar lo que fernando sanmartín cuenta
sin caer en ñoñerías y autocompasión

siempre voy con retraso, ya lo he dicho
así que ahora llego a "hacia la tormenta"
(Ed. Xordica, 2005)

palabras como
apuntes desorden insatisfecho hallazgos
protección
sin prisa alguna
me resultan extremadamente familiares

no dejo de sonreír mientras camino

cada libro que llega a destiempo
me sacude
me sacude doblemente,
por el encuentro y por el tiempo perdido,
y mi porcentaje trágico me dice:
mira que si hubieras muerto sin llegar a leerlo

como si eso importara, después

pero sí importa
porque tengo la ilusión
de que me moriré más conforme,
podré decir:
bah, he visto el azul de los témpanos
bah, he leído a kafka

podré decir bah, si es que eso existe

"hacia la tormenta" es el antidiario
no hay fechas, no hay orden, sólo fragmentos

la generosidad de sanmartín descorre las cortinas
nos abre la ventana como haría un holandés
para que curioseemos su vida

y nada me alegra más
que encontrarme con el nacimiento de yorgos
al que ya conocía por "heridas...",
verlo nacer ahora, a destiempo
sabiendo su final feliz, su no final
de niño que sigue creciendo entre la nieve
y los erizos que custodian el estómago de su padre

es muy difícil contar así
como él dice, anillando un poco de literatura a lo cotidiano

porque, al final, lo que buscamos en un libro
es que ese libro hable de nosotros,
no de vampiros ni piezas de ajedrez,
que nos hablen de lo que no sabíamos de nosotros
o de eso que intuíamos y no sabíamos poner en palabras

es eso
sólo hay eso
no hay grandes gestas,
y si las hay no me interesan lo más mínimo

hay
lo cotidiano
la vida

y registrar esa vida
por gusto