brazos piernas cielo

Los 15 días serán 30. A pesar de estar bien en casa y de no ser capaz de sentir miedo, noto la lava de mi estómago endurecida. Cada vez que pienso en los amigos que están en sus casas con sus hijos (más un ERTE) sin saber si volverán a trabajar, centrifugo piedras afiladas. Por lo demás, estar en casa es bien (como diría Ibán Ramón). Sólo me subo por las paredes cuando cada día en algunas cadenas dicen: "200 nuevos infectados". No. Llevamos 10 días en casa. Serán 200 nuevos positivos que se infectaron hace 7 días. Si siguen diciéndolo mal pensaremos que estar confinados no sirve para nada. Pero no creo que corrijan, como tampoco corrigen cien por cien (en vez de decir cien por ciento), o se prevee. Esta noche lo gritaré desde la terraza: ¡Vecinos, el verbo preveer, no existe! Me aplauden fijo.

oiga, ¡que es el día de la poesía!

todo está bien

hay días
en los que la luz nos toca, nos empapa
de algo muy parecido a la felicidad
sólo porque al abrir la ventana
del cuarto de baño
el sol, atravesando el vapor
se posó sobre los azulejos húmedos

y nuestra mano se fue ahí
a esos azulejos
y los acarició intentando retener algo

mañanas que nos hacen pensar
que podríamos mantener
ese estado de bienaventuranza
para siempre

la luz se va
y los azulejos se enfrían

pero la luz
siempre vuelve

grande, morella

José Morella nos entretiene leyendo un cuento, y nos engancha a que nos hagamos con él. Si dejamos de leer se acaba el mundo.

Podéis escucharlo mientras hacéis estiramientos, cocináis o lo que os venga en gana.

Qué maravilla.
https://www.youtube.com/watch?v=hm6T5Zx-mOU

los planetas 1 - calimero 0

(calimero era tonto)
Me cuenta mi amiga Nené que lo que más echa de menos son los achuchones. Y de más esa tristeza que se ha instalado en cada uno de nosotros y que cuando bajamos al súper, aunque estemos suficientemente separados, se engorda y espesa. Vio caras serias, dice, y gritó un ¡Buenos días! que los dejó temblando.

Ay, qué voz tan bonita, dice mi tía cuando la llamo. Es mi voz de siempre. Comparada con la voz que todos llevan a cuesta (aquí no me incluyo) sí que debe parecer bonita, pienso y me pongo una medalla de papel Albal, ea. También he notado que hay quien dice un Diga normal y después oscurece la voz. Patético, repugnante.

Llamo a mi madre. Holan, dice (desde hace tiempo hablamos así Holan, Adiol, Besitol para todol, medio chiquitistaní medio nada, por reírnos). No soy adoptada, pienso, salgo 100% a mi madre. Su voz tampoco ha cambiado, ni su risa, ni su Yo no voy a morirme nunca y si me muero angelitos al cielo. Y su risa otra vez, la risa de mi madre. ¿Cómo está papá? Dice que peor, qué va a decir, aunque se hubiera despertado hoy dando saltos diría que peor. Al 100%, sí.

Al barrer bajo la cama he pensado que estoy has-taa-quí del calimerismo. No pienso volver a responder a ningún mail catastrofista. Menuda criba. No es momento de quejas ni de debates siquiera. Es momento de sacar lo bueno (quien lo tenga) y reponer la alegría como ya han repuesto en supermercados el maldito papel higiénico. Estos días de lupa van a dejar a la vista lo peor de cada cual. El monstruo del maleducado, el derrotismo del cenizo, el tonto de solemnidad del metemierda de pacotilla. Afortunadamente el mundo no lo mueven ellos. "Porque seremos cientos por cada uno de los vuestros", cantaban Los planetas. Me voy a bailar. Mamá, ¿vienel? Voyl.

harta de prensa sensacionalista

Gaceta médica:
Del total de 11.178 casos, se han hospitalizado 46%.
Ingresados en UCI 5% por ciento.
Un 4% de los diagnosticados han fallecido.
Personas dadas de alta 9%.
Este número está incrementándose de forma progresiva.
Simón ha anunciado que esperan tener cerca de un 10% de personas dadas de alta, y que en la Comunidad de Madrid ya alcanza el 19%.

Ya sé lo que voy a leer a partir de hoy.

sergio gaspar, grande

Gaspar tiene algo que me reconcilia con los pliegues más recónditos de mi propio cerebro, de mis propios cuatro estómagos. Porque Sergio Gaspar y yo rumiamos. En silencio, pero rumiamos. Nos gusta rumiar.

https://elcuadernodigital.com/2020/03/04/no-hacer-nada/

hoy, en "málaga hoy"

Gracias a Pablo Bujalance, por haber sabido poner de maravilla y en orden mi deriva verborreica.

tierra de malvas, de yolanda ortiz

(tierra de malvas y nueces para sentirme acompañada)
Si tuviera que vengarme de un amor ya no correspondido, me gustaría saber hacerlo como Yolanda Ortiz. Ella, firme, desde su fragilidad infinita, no necesita atacar ni defenderse: Expone su dolor en cada palabra de este libro. Ni siquiera se aleja para tomar perspectiva, verlo como ajeno y continuar su camino. No, ella, valiente, lo mira a los ojos y lo destila para poder conservar la esencia de algo que fue hermoso. Una maravilla.

(Este libro cierra la Colección "Caja de formas" de la editorial Piedra Papel Libros.)


VIENES a casa
para matar los animales
que ya no cuidaremos juntos

cuando no estoy
vienes
a casa


Tierra de malvas (Ed. Piedra papel libros, 2020)

nananiano naniano

(cabezas... fuera!)

¿hay algo mejor que una persona formal?
¡sí!, una editorial formal que dijo: el día 10 en librerías, y ahí estaba

gracias, equipazo de tusquets, por mimar este libro
y por hacerme sentir una rock star

sin palabras

(aunque el autocorrector
se empeñe en escribir
sin palmeras

que también)

cómo pasa el tiempo

¿Ya han pasado 100 años?

Digo Boris Vian y me oigo cantar: "Et l'soleil, de l'aut côté du monde, danse une balse blonde..." y cierro la puerta y sé que esa tarde no iré a clase.

Habrá quien no lo entienda pero, para mí, decir Boris Vian es decir felicidad. Veo la hierba delante del bar de Económicas y juraría que nos dejaban tumbarnos. Si no nos dejaban, allí estuvimos de todos modos. No era roja, pero viajábamos igual. Era fresca, exhalaba futuro.

"Alors, moi je me mets au lit..."

https://elcultural.com/boris-vian-cien-anos-de-irreverencia

max von sydow, forever

(qué elegancia y qué guapura)
Me da igual (mencantá) que los milenials recuerden a Max von Sydow (10 abril 1929-8 marzo 2020) por Star Wars o Juego de tronos. Quizá ahora se vean todas sus películas (hacia atrás). Qué rabia y qué pena no haberme ido nunca con él de cañas.

la mosca, de fernando luis chivite (ooh)

Ayer vi la primera mosca de la temporada. Era poco después del mediodía. Se posó en la mesa de la cocina. Empezó a moverse por aquí y por allá a su antojo. Las moscas tienen una insolencia natural. No me tenía ningún miedo. Y supongo que quería demostrármelo, porque se posó en mi mano tan tranquila. Como estaba un poco aburrido, me quedé mirándola un rato sin animadversión. Pensé: si la observas con afecto, incluso una simple mosca puede resultar atractiva. De repente, me sentí acompañado. Y se lo dije. Pero por supuesto no me respondió. Se limitó a darse un paseo entre las migas. Así que ya estáis aquí, le dije un poco después. Era una mosca normal, como las de siempre. Quizá algo más pequeña. ¿Te han enviado las demás a echar un vistazo, eres una exploradora?, le pregunté en buen tono. Y quiero pensar que me entendió porque volvió a posarse otra vez en la misma mano y a hacer exactamente lo mismo que antes. Entonces me acordé de lo que decía Baudelaire, eso de que las moscas son espías de los dioses. Yo no creo que lo sean. Ahora bien, tampoco puedo demostrarlo. Así que intenté mostrarme amable, es lo menos que podía hacer. Le hablé de nuestras preocupaciones sociales, del Osasuna, del coronavirus, de los derechos de autor de los escritores. También le dije que era martes de carnaval, por si le interesaba. Pero nada de todo eso parecía importarle. Apenas me miraba. Y si lo hacía, lo hacía de soslayo. Como diciendo: bah, tonterías. Sin embargo, cuando mencioné el nombre de Iturgaiz, cambió de actitud: se detuvo en seco y me miró fijamente. ¡Iturgaiz!, repetí. Entonces dio un respingo. Se me ocurrió enseñarle una foto de Iturgaiz en el móvil y fue fatal. Se volvió loca. Se estampó con tal violencia contra la pantalla que se quedó allí pegada. No había manera de despegarla. Me dio pena, pero hay cosas ante las que nada puedes hacer. Y lo mejor es admitirlo con deportividad.

Fernando Luis Chivite
El farolito, Diario de Noticias de Navarra, 26 febrero 2020.

gabriel noguera en "librújula"

(Gabriel Noguera en un banco de Praga, como la gente normal)
Como tengo la cabeza a pájaros, no recuerdo si dije algo de esta estupenda novela. Enrique Villagrasa lo ha hecho mejor que yo. La gente normal, sin duda altamente recomendable.
http://www.librujula.com/actualidad/2667-la-gente-normal-de-gabriel-noguera

síndrome de pozor

"Lo mío es estar perdido.
Donde no se sepa.
Y saber parar a tiempo".

Antonio Blanco

en librerías, por fin

Rauda y veloz, parto hacia mi librería de guardia para hacerme con West end, el nuevo libro de José Morella. Promete.
Seguiremos informando.
https://www.youtube.com/watch?v=ztp4dlcEtzg

veo, de ibán ramón




A veces suceden cosas bonitas como que Ibán Ramón me deje jugar con él. Gracias.

El texto de papel de regalo dice así:
abrir una caja como quien despliega las alas de un pájaro inerte, dar vida, ver letras, ver un monigote, ver la posibilidad de volar / veo una línea discontinua, parábola perfecta, trazada con el dedo sobre el horizonte, veo el paisaje / veo una habitación vacía y el frío innato de una piedra blanca envuelta en fieltro negro, veo un vaso de leche sobre la encimera / veo canicas y las veo caer sin hacer ruido / el poder del silencio de los sueños haciéndose con todo, como la niebla que se alimenta de silencio, cerrando así el círculo / veo unas manos sobre la mesa, a la espera / esperar es bien, veo que dices con los ojos cerrados / veo papel de seda, niebla entre los dedos envolviendo la sorpresa de los regalos ahora, aquí dentro, y veo cómo lo abres / ves belleza y no sabes ponerle nombre porque sabes que la belleza a veces hiere / veo tus manos a tientas, veo una astilla
https://www.ibanramon.com/graphic/portfolio/veo/

el paseo

Un precioso artículo de Manuel Juliá.
https://www.manueljulia.com/articulos/1311/el/paseo?utm_campaign=el-paseo&utm_medium=email&utm_source=acumbamail

el contador de gotas, francisco javier irazoki

(bailando bajo la lluvia)
Siempre he pensado que los escritores deberían escribir únicamente para construir su propio mundo. Mostrarlo a los demás debería ser secundario.

A estas alturas no tenemos la menor duda de que Francisco Javier Irazoki hace ya tiempo que vive en el suyo. Afortunadamente nos abre puertas y ventanas para compartir toda esa belleza.

Todos sus libros son fragmentos de una vida ancha, instantáneas eternas de lo que ama. Es bonito escribir para no olvidar o para que algunas personas no caigan en el olvido.

En El contador de gotas (Hiperión, 2019) vuelve a hacerlo. Lo que más me gusta de Irazoki es que no retrata, convierte en paisajes a las personas que ama, incluso a aquellas que parecen piedras llena de oído. Así es él.