Ya no recuerdo el año, pero la primera vez que leí Los seres indefensos de Fernando Luis Chivite me pareció una novela romántica de tono triste. Quizá por su ambientación o mi estado de ánimo. Si me preguntaran qué impronta me dejó, diría: Veo un paraguas en un paragüero y alguien que se aleja de una casa con las manos en los bolsillos mientras empieza a llover.
Esta primera novela de Chivite recibió el Premio de novela Ciudad de Barbastro en 1993. Me temo que pasó desapercibida, como pasa con este escritor (o al menos él lo intenta; pasar desapercibido, quiero decir). Quizá Chivite nació con vocación de escritor de culto, pero mucho me temo que ya somos más de veinte quienes lo leemos con verdadera pasión.
Amarillo Editora ha tenido la maravillosa idea de rescatarla y editarla con una portada preciosa y alegre. La acompaña un prólogo de Juan Marqués.
Esta vez, me ha parecido una novela de humor (humor estilo Chivite, claro). Una joyita luminosa para los días grises.
Iluminar los días grises. No creo que haya nada más ni mejor que se le pueda pedir a un libro.